Acerca de

Bienvenidos, soy spainfull, un jugador ocasional de póquer. Este es un blog en el que aparecerán esporádicamente, entre otras cosas, una serie de entradas relacionadas con el mundo del póquer. El objetivo es reunir una serie de artículos divertidos y, en la medida de lo posible, didácticos. Espero que nadie se haga una idea equivocada y se sienta ofendido por mis frecuentes salidas de tono; la intención principal es que quien lo lea encuentre algo distinto y ameno, sin mayores pretensiones.

De verdad, no hay que tomarme muy en serio; en realidad nada; es decir, a nadie. Una de las cualidades que más aprecio en las personas es su sentido del humor y una de las que menos la estrechez de miras y cortedad de mente. Mis artículos van dirigidos principalmente a la gente que se sabe reír de todo y no tiene demasiados prejuicios, a aquellos que saben pasárselo bien sin perder la seriedad, a todos esos que están hartos de lo políticamente correcto, a los que, en definitiva, solo dramatizan lo justo con las cosas importantes de verdad, como, por ejemplo, el fútbol.

Tengo una clara vocación didáctica. Desde siempre me ha gustado enseñar; lo de delante a las gentes de bien a su salidad de misa y lo de detrás a los viandantes en viajes y excursiones organizadas. También me ha gustado mucho la lectura y la escritura, pero detesto la literatura burguesa actual y los diarios si no hay mucho sexo incluido. Para el cine soy mucho menos elitista, de hecho, muchas de las películas que más veces he visto son bastante malas (y no sale marisco, malpensados). Me vuelven loco las mujeres, a pesar de lo cual soy una persona totalmente monógama. Y no es porque lo pueda leer mi pareja (en este momento estoy guiñando el ojo) sino porque soy extremadamente paradójico, un rebelde sin pausa, un fiel seguidor de la Santísima Inquisición, un poco inclasificable salvo, claro está, en esa etiqueta de amplio espectro conocida como “tarado mental”.

¿Y el póquer? Bueno, el póquer es la actividad intelectual que me tiene más ocupado últimamente. Lo único que ahora puedo decir de él es que, como en la vida, los más sabios jamás se quejan de la suerte. Se limitan a jugar con las cartas que les reparten lo mejor que pueden. Y no se rinden nunca.

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